Actes II Congrés

Crónica del Segundo Congreso
Internacional de Feminismo Islámico

Por Gloria Marín Sánchez. Assemblea de Dones d’Elx.
www.nodo50.org/feminismos

Ponencia de Ndeye Andujar

Feminismo e islamismo

Autor: Didac P. Lagarriga
Fuente: diagonalperiodico.net

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Crónica del Segundo Congreso
Internacional de Feminismo Islámico

Por Gloria Marín Sánchez. Assemblea de Dones d’Elx.
www.nodo50.org/feminismos

Aspectos generales.

El Congreso fue organizado por la Junta Islámica Catalana y contó con el apoyo de organismos públicos: la Generalitat, el Ayuntamiento de Barcelona, el Institut de la Mediterrània. En él participaron más de 400 personas, la mayoría mujeres, pero también bastantes hombres (un 20%-30%), procedentes de todos los continentes, de diferentes edades. Entre l@s asistentes había musulman@s, feministas no musulmanas, estudiantes i estudios@s del tema, profesionales que trabajan con inmigrantes.

En cuanto a l@s ponentes también había mucha variedad, por lo que se trató un abanico amplio de temas, a la vez que el nivel de las ponencias era excelente. Éstas, según informaron, se podrán leer en la web del Congreso (www.feminismeislamic.org). Había ponentes de diversas procedencias y por tanto con diversas situaciones y contextos: procedentes de países de mayoría musulmana y que viven en estos países, como Sudán y Malasia; de la diáspora musulmana, las originarias de Irán y Pakistán que viven en Europa o Estados Unidos; de minorías musulmanas consolidadas, como las de Estados Unidos y Sudáfrica; y también de países con minorías musulmanas relativamente recientes, como Francia y España.

La diversidad de planteamientos ha sido especialmente notable, como veremos más adelante. Este no ha sido el Congreso de una corriente, la selección de ponentes no buscó la homogeneidad, sino que estuvieran representadas diferentes corrientes o personas que tienen en común la defensa de los derechos de las mujeres y de la plena igualdad. En cambio se manifestó variedad respecto a:

Los objetivos. Un factor fundamental que lleva a tener objetivos diferentes es el tipo de sociedad, y allí estaban mujeres de sociedades que variaban desde estados teocráticos como Irán a estados “occidentales”, por tantos sus preocupaciones eran diferentes.

Las vías o estrategias utilizadas, con mayor o menor énfasis de lo religioso. Había bastantes propuestas favorables a utilizar diferentes vías según el contexto.

Las actividades que realizan. La gama de actividades de las que se ha informado o que se han propuesto es muy amplia. Parecía haber consenso en que las prácticas no son excluyentes sino que dependen del contexto.

Un posible esquema de clasificación de las estrategias y las actividades es el siguiente:

* prácticas teóricas e ideológicas destinadas a deslegitimar el discurso dominante, sexista, y proponer un discurso alternativo1;
* intervención política desde el punto de vista de derechos humanos, utilización de los convenios internacionales como apoyo en la presión a los gobiernos2, búsqueda de presiones internacionales;
* propuestas legislativas y diversas formas de activismo para impulsarlas;
* difusión de las ideas y búsqueda de consenso o acuerdo en torno a ellas, creación de un ambiente favorable, mediante la prensa y los medios de comunicación, utilización de Internet;
* asistencia a mujeres víctimas de la violación de sus derechos, incluyendo en muchos casos la defensa jurídica;
* realización directa de proyectos que los gobiernos y otros organismos realizan, como los proyectos de educación en Sudán.

He resistido la tentación de “ordenar” esta lista. Un objetivo puede requerir muchas prácticas y no se sabe en qué orden se van a dar.

Feminismo islámico: ¿qué hay detrás de ese nombre?

Afortunadamente no fue una tarea del Congreso contestar a la pregunta que planteó una de las ponentes en un importante artículo3. Creo que precisamente un mérito del Congreso fue no caer en discusiones que resultarían estériles en ese marco.

Sin embargo varias de las ponentes de éste y del anterior Congreso destacan por sus análisis del concepto de feminismo islámico. Se pueden conocer sus posiciones en los siguientes artículos (de momento la mayoría está sólo en inglés):

* Margot Badran, con dos artículos que representan su evolución al respecto: Islamic feminism: what’s in a name? Al-Ahram Weekly Online, 17 – 23 January 2002 y Islamic Feminism Revisited. Countercurrents.org, 10 February, 2006
* Valentine M. Moghadam: Desengaños y expectativas del feminismo islámico, Ponencia presentada en el I Congrés Internacional de Feminisme Islàmic
* Nayereh Tohidi, “Islamic Feminism”: Perils and Promises, Mews Vol. xvi Nos. 3/4 Fall 2001/Winter 2002

Y merece la pena destacar también la definición que propone el portavoz de la organización del Congreso,

* Abdennur Pardo en El País del 13-10-200

En cualquier caso ha habido algunos acuerdos generales que han permitido que el Congreso funcione y estos creo que se resumen en la defensa de los derechos de las mujeres dentro de un marco de justicia e igualdad. Este marco fue afirmado una y otra vez y todo lo que oí en el Congreso me parece plenamente compatible con él. Por tanto considero que lo que allí se manifestó es feminismo de pleno derecho4.

Nada que ver con las islamistas.

La diferencia, claramente marcada, con las islamistas se basa precisamente en el marco de justicia e igualdad, sobre todo en la igualdad. Se destacó que se coincide con las islamistas en cuanto a la igualdad en lo espiritual y en lo público, o al menos en aspectos de lo público: derecho a la educación, a la participación política, al trabajo y a la promoción laboral, al acceso al poder.[5] <#_ftn5> Pero también se destacó que no hay acuerdo con ellas respecto a la igualdad en lo privado, ámbito para el que las islamistas proponen la “complementariedad del hombre y la mujer”, y no la igualdad.

Las principales críticas que se hicieron a las islamistas derivan de las diferencias en el concepto de igualdad. Por ejemplo, los límites del concepto de igualdad -se argumentó- pueden llevar a algunas islamistas a luchar por el acceso de las mujeres a algunos puestos (por ejemplo juezas, en Irán) y negarles el acceso a otros, como la Jefatura de Estado. Además este concepto islamista de complementariedad de géneros tiene importantes consecuencias políticas, ya que para mejorar la situación actual de las mujeres pueden proponer medidas que refuerzan esa misma complementariedad.

En cuanto a su actividad se reprochó a las islamistas su falta de autonomía respecto a los grupos mixtos, gobernados estos por hombres.

Es importante no confundir en absoluto a las islamistas con las feministas islámicas. También otorgar reconocimiento a las feministas islámicas, combatidas -como mínimo ideológicamente- por l@s islamistas y l@s consevador@s, que les niegan su musulmanidad, y silenciadas por feministas occidentales que les niegan su feminismo.

¿Hombres en el feminismo islámico?

No es que este asunto ocupara mucho al Congreso, pero merece la pena mencionarlo, aunque sea porque no es frecuente la presencia de hombres en un Congreso Feminista.

Entre las ideas que entiendo que eran el núcleo de acuerdos implícitos en el Congreso está la de que es deseable y necesario transformar el Islam -no para transformarlo en otra cosa, sino en un Islam más auténtico- y que para transformar el Islam, como para transformar la sociedad es necesaria la colaboración de mujeres y hombres. Sin embargo el papel fundamental de las mujeres en esta tarea quedó de manifiesto en afirmaciones como la de N. Tohidi: “Si no lo hacemos nosotras no lo hará nadie, los intelectuales están muy ocupados con otros temas más importantes”, quizá expresando su decepción con la poca implicación de los opositores políticos de su generación en hacer frente a la opresión de las mujeres.

Las mujeres tuvieron el protagonismo indiscutido en el Congreso: l@s ponentes eran todas mujeres a excepción de dos hombres, y entre l@s asistentes las mujeres eran aproximadamente el 80%. Pero también es de destacar que un ponente es reconocido como uno de los pioneros a nivel mundial del feminismo islámico y el era el director del Congreso6 .

Respecto a la historia del feminismo autóctono arabo-musulmán, y como se dijo de pasada en el Congreso, en sus orígenes, que se sitúan en Egipto en el Siglo XIX, tuvieron un papel fundamental los escritos de intelectuales varones como Muhammad Abduh (d. 1905).

La sharia, la legislación y la vida musulmanas.

Este Congreso se presentaba como centrado, aunque no exclusivamente en la sharia y los códigos de familia musulmanes. Hay razones para elegir este eje: la importancia para las vidas de las mujeres de la concepción de qué es y qué papel debe tener la sharia es enorme, ya que los códigos de familia de casi todos los países musulmanes afirman basarse en la sharia, por tanto, dicen, se basan en la religión, en la voluntad de Dios, son ley divina y no humana y son inmutables… O al menos no se pueden modificar sin provocar una reacción islamista. Por otra parte los códigos de familia están en debate en varios países, y en ellos el feminismo se plantea como un objetivo central modificarlos en el sentido de aumentar los derechos de las mujeres. La actualidad de este tema ha aumentado por la reforma del Código marroquí, que hace aparecer este objetivo más alcanzable: si allí se ha modificado el Código y sigue siendo islámico, aunque sea porque lo ha otorgado el Rey -Comendador de los Creyentes- entonces los demás códigos también son revisables sin que eso los haga “contrarios al Islam” , como afirman quienes se oponen a los derechos de las mujeres.

Se debatió el concepto de sharia y se dedicaron ponencias a aspectos de los Códigos de Familia como el divorcio y la poligamia.

Respecto al concepto de sharia básicamente se expresaron dos posturas:

* Identificar sharia con fiq, derecho islámico.
* Recobrar el significado original del t érmino, que es vía -en el árabe moderno sharia es avenida. Así entienden que es la vía o camino para acercarse a Dios.

De estas dos concepciones de la sharia el Congreso se centró en la que la identifica con derecho islámico. Como recoge la historia del Islam, el derecho islámico fue establecida en los primeros siglos del Islam, y quedó fijado en en diversos compendios en el siglo XI. El derecho islámico medieval permaneció sin cambios durante siglos, pero con la modernización, desde finales del siglo XIX hubo un cambio fundamental: se pasó de un derecho no codificado que abarcaba todos los aspectos de las relaciones sociales a desgajar sucesivas ramas que pasaron a regirse por una legislación de tipo moderno, codificado: Derecho Mercantil, Internacional, Penal, Procesal…. con Códigos más o menos basados en el modelo francés o inglés, según el país. En el siglo XX quedó el Derecho de Familia como único reducto del que se afirma que sigue la sharia. Paradójicamente este reducto de jurisprudencia islámica aparece como intocable y ningún país de mayoría musulmana quiere dejar explícitamente de fundamentarlo en la sharia. Algunos países tienen tribunales especiales, tribunales de sharia, para aplicar el derecho islámico en los terrenos en que proceda, y éste es el caso de las cuestiones de mujeres y de familia7.

Frente a esta consideración del derecho islámico, éste fue calificado de temporal e histórico. La argumentación que se repitió fue que el fiq lo elaboraron seres humanos, varones, hace más de mil años, en sociedades muy diferentes de las actuales y que eso no es indiferente. Por tanto -se propuso- es necesaria una interpretación de las fuentes desde la sociedad actual y en la que participen las mujeres. La interpretación fue influida por el contexto social -hay estudios que muestran cómo influyó el entorno histórico y social en cada una de las escuelas del derecho sun8. También las mismas fuentes están marcadas por su contexto. Esto último no es algo nuevo en la interpretación del Corán y los Hadices, un aspecto de la exégesis clásica es relacionar cada versículo o hadiz con su contexto. Se explicó que los hadices recogen las respuestas de Mahoma a cuestiones con un contexto y por tanto no se pueden tomar como una norma legal. Lo que hay que sacar es el principio y aplicarlo en el nuevo contexto.

¿Cómo guiarse entonces en el Islam? se expresaron posiciones de que hay un camino que ha de guiar a l@s musulman@s, se les llame o no sharia. Podemos resumir los puntos de vista que se expresaron sobre cómo guiarse en dos aspectos: cuáles son las fuentes y cómo interpretarlas.

* Las fuentes: el Corán es la única fuente divina.
* La interpretación: no se puede tomar el Corán, ni los hadices, para hacer una legislación a partir de ellos “cortando y pegando”. No se puede coger un versículo y hacer con él un artículo de una ley (N. Tohidi, retomado por otras). Hay que emplear una metodología en dos tiempos: el primero extraer del Corán los principios fundamentales -la justicia, la igualdad- y en el segundo elaborar las reglas a partir de los principios (N. Saheen).

Esto supone un cuestionamiento radical de quienes imponen las leyes basando su legitimidad en el discurso de la sharia.

El feminismo islámico como discurso religioso.

En esta concepción del feminismo islámico se enmarcan trabajos muy documentados de feministas que argumentan dentro del marco religioso cuestiones como que tal o cual norma que se afirma islámica en realidad va contra el Islam -la poligamia, el veto a que una mujer sea Jefa de Estado; que tal derecho les corresponde o cuál debe ser el estatus de las mujeres.

Cómo hemos visto éste es sólo uno de los aspectos del feminismo islámico. Pero es precisamente el más específico, el tipo de discurso que no es común a otros feminismos (salvo los otros feminismos religiosos, como el de las católicas) y es el que ha sido objeto de más atención internacional, se le ha dado más importancia porque:

* En según qué países y según que temas hay que discutir en este terreno (alguien dijo: “no utilizaría el feminismo islámico para defender la igualdad de salarios, pero sí para oponerme a la poligamia o conseguir mejoras en el divorcio”). Por ejemplo -se afirmó- en Sudán o Irán es útil argumentar que la lapidación no es una pena islámica, es una parte de la lucha contra esa práctica, ya que los que la mantienen la justifican con un discurso religioso. Pero no es la única estrategia, a la vez la recogida de firmas, presiones internacionales,…).
* Los gobiernos de países musulmanes no van a salirse explícitamente de la sharia en el derecho de familia. No es contemplable por el miedo al ascenso islamista que provocaría.

Elx, Enero 2007.

[1] La deslegitimación del discurso dominante y la elaboración de discursos alternativos se hace en algunos casos mediante la teología -el estudio y análisis de los textos fundamentales del Islam- y en otros mediante la filosofía y las ciencias sociales. En muchos casos las mismas feministas utilizan las dos estrategias. Este es el caso de Fatima Mernissi.
[2] Importancia de Convenios internacionales como la CEDAW, no parece sin importancia en otros contextos diferentes al nuestro.
[3] Islamic feminism: what’s in a name? Al-Ahram Weekly Online, 17 – 23 January 2002 http://www.nodo50.org/feminismos/spip.php?article128
[4] Estoy abierta al debate sobre si los planteamientos que allí se hicieron, o los que mantiene cualquiera de l@s ponentes en sus escritos, son o no feministas y por qué. Creo que esta es la manera de aclarar si ésto es o no feminismo, y no el debate abstracto.
[5] Los acuerdos pueden ser más o menos amplios, incluso los puntuales sirven a veces para construir alianzas.
[6] Es mencionado como tal en las Conclusiones.
[7] Incluso hay países no musulmanes donde se aplica este derecho a las comunidades musulmanas. Es el caso de los que se estructuran por comunidades religiosas, de manera que se aplica a cada comunidad su derecho. En cuanto a los países occidentales, el intento por parte de … de crear tribunales de sharia en Canadá ha sido noticia porque originó una gran oposición entre las feministas, especialmente entre las feministas musulmanas.
[8] Barbara Stowasser, “Gender Issues and Contemporary Quran Interpretation” in Islam, Gender and Social Change, Eds. Yvonne Yazbeck Haddad and John Esposito, New York: Oxford University Press, 1998.

Feminismo e islamismo

Autor: Didac P. Lagarriga
Fuente: diagonalperiodico.net

El discurso hegemónico presenta el Islam como una realidad única y monolítica, anclada en el pasado y refractaria a las transformaciones sociales emancipadoras. Tópico que no encaja con la realidad de un mundo dispar, atravesado por fuertes tensiones. Como muestran estas reflexiones a raíz del II Congreso Internacional de Feminismo Islámico, celebrado el 3, 4 y 5 de noviembre de 2006 en Barcelona, al que acudieron unas 400 personas.

A menudo cuesta diferenciar una idea en sí misma versátil. El islamismo irrumpe en el lenguaje internacional caracterizado por su énfasis político del Islam, y así se acordó en llamarlo. El islamismo, puesto en práctica por el islamista, es una fuerza reductora que se expande, como cualquier dogma que se ve a sí mismo coherente: excluye y totaliza, pero también propone. Es su reforma fruto de las consecuencias, una amalgama moderna y hasta cierto punto imprevista; es decir, un movimiento ideológico en toda regla, con sus bases y sus límites tan firmes como inestables, cerrados y porosos. Ha sido el siglo XX lo suficientemente complejo para que el transcurso del Islam político no haya participado de esa mutación. El islamismo no existe en su unicidad salvo para proclamar la unicidad (en primer lugar de Dios, por consiguiente de la realidad). No por reclamar la verdad, no por someterse a la realidad, el Islam tiene un mensaje excluyente: por eso surge el islamismo. La tergiversación es humana, pero el esfuerzo permanente contra esa misma tergiversación (yihad) se deja de lado mediante la política, cualquier política. La capacidad de un movimiento para encauzar su visión y extrapolarla a un modo de gestión social, la maestría o la torpeza de cómo se logre, definirá el éxito de una política.

Diversidad

El islamismo suma y resta. Movimientos sociales de base, partidos políticos con representación parlamentaria, guerrillas… El abanico para expresar la práctica de una idea es múltiple, pero se fundamenta en un elemento clave: no puede haber conocimiento sin acción, ni acción sin conocimiento. A partir de ahí se desencadenan las luchas internas y externas, pero también la colaboración con otros sectores antagónicos o divergentes: el movimiento egipcio Kifaya (Basta), con islamistas, marxistas, nasseristas y liberales; el paquistaní Minhajul Quran-MUQ (El método del Corán) aglutinando islamismo y sufismo, etc. De forma más generalizada e hipócrita, la colaboración del islamismo con las finanzas internacionales es una prueba más de esa flexibilidad selectiva.

Dentro de la política, un tabú supone a la vez un freno y un catalizador: se inmoviliza hasta que sea ya imposible de contener. En el islamismo el tabú es el sexo. Y todo lo que conlleva. Por eso todo lo relativo a ese tabú está mancillado, sesgado o directamente reprimido. Cuando surgen voces de mujer en el ser del islamismo, el discurso es a menudo ambiguo, pero ni más ni menos que en otras ideologías de este tipo: la diferencia entre la esfera pública y la privada será la base de sus reivindicaciones. Los derechos de la mujer se promoverán en las calles, no en las casas (y mucho menos en los cuerpos). Cuando los movimientos populares salgan a manifestarse (desde la revolución de Irán hasta el Líbano o la Palestina de hoy), las mujeres ocuparán un papel importante. Cuando esas mismas mujeres quieran reivindicar sus derechos de igualdad, la reacción del islamismo será la opuesta.

Perder el monopolio

Si buscamos un discurso activo (y activista) en pro de la igualdad de género dentro del Islam, la forma más directa la encontraremos en lo que se viene en llamar “feminismo islámico”. Una etiqueta nunca hará justicia a un movimiento complejo de ideas, pero es útil para entenderse, conjurar y contraatacar. El islamismo lo tachará de “occidental”, incluso los sectores más herejes (que el lenguaje internacional designa como “fundamentalistas”, cuando son todo lo contrario) llegarán a pedir la cabeza de quienes lo promuevan. La rabia, ante todo; no debe ser nada fácil perder el monopolio de Dios…

El feminismo islámico no juega con ese doble lenguaje en lo que a igualdad de género se refiere (la ambigüedad, por transposición, puede tenerla en su posición política más allá del género, aunque eso merezca un análisis mucho más completo). Para el feminismo islámico, la crítica al patriarcado que domina la sociedad musulmana debe hacerse dentro mismo del Islam: es un “yihad de género” que contribuye al feminismo global. Llega directamente a la fuente, el Corán, con una hermenéutica estricta y esmerada, es decir, vuelve a destejer el texto en clave igualitaria más allá de la simple relectura. La labor, llevada a cabo por musulmanas y musulmanes de todo el mundo con una erudición digna de las épocas más brillantes del Islam, ha probado que todos aquellos fragmentos que se utilizan para estigmatizar a la mujer han pasado por el tamiz (o las tijeras) del patriarcado. La manipulación del Corán con fines radicalmente egoístas ha llegado a anular su mensaje liberador e igualitario. El islamismo no lo admite porque, si lo hace, su razón de ser desaparece. De ahí el doble lenguaje.

Re-evolución

Con su práctica teórica, el feminismo islámico no se acomoda en la idealización ni hace gala de un malabarismo exegético que tantas veces aparece en la historia de las religiones. No es un movimiento de cuatro intelectuales acomodadas en el exilio universitario, ni tampoco se limita a utilizar el discurso feminista secular, condimentándolo con algunas citas o episodios puntuales del Islam. Sin duda el feminismo islámico contiene un poco de todo esto, pero abarca mucho más.

Un estudio minucioso de una iraní complementado por un periodista surafricano y una abogada paquistaní, sirven en una campaña contra la proliferación de la poligamia en Indonesia que, a su vez, genera otra en Senegal. Una afroamericana conduce la plegaria en Nueva York y desencadena un tsunami de fatwas (decretos islámicos), pero también un debate desde Al Yazira a la CNN. Un congreso en Barcelona reúne a activistas musulmanas y convoca a cientos de personas interesadas, en su mayoría no musulmanas. Se consiguen indultos de mujeres en Nigeria o Pakistán gracias a la conexión entre argumentos promovidos por asociaciones musulmanas de Malasia… Su velocidad de propagación es un hecho, a pesar de que muchas veces sea una revolución silenciada. No es una ‘evolución’ de la mujer musulmana, sino un retorno sincero al Islam, una reacción a esa usurpación del mensaje por el patriarcado, de ahí la re-evolución. Hay quien cree que es mucho más rápido y efectivo si las instituciones internacionales hacen cumplir las convenciones sobre los derechos humanos a esos mismos estados de mayoría musulmana que las firmaron en su momento. Pero si nos limitamos a esa súplica, continuaremos avalando la supremacía de unos estados y unas políticas que son el mero reflejo de una situación colonial pretendidamente universal.